Comernos un trozo o todo el pastel

Si nos expandimos irreflexivamente, corremos el riesgo de deteriorar y destruir aquellos ecosistemas que nos han albergado y que han permitido el desarrollo de nuestra sociedad.

Hemos llegado a una encrucijada que no habían enfrentado las sociedades humanas en el pasado: es tal nuestra capacidad para transformar el mundo, que debemos razonar, reflexionar y ponernos límites a nosotros mismos. De otro modo, si nos expandimos irreflexivamente, corremos el riesgo de deteriorar y destruir aquellos ecosistemas que nos han albergado y que han permitido el desarrollo de nuestra sociedad.

Traducido en términos más cotidianos y pedestres, sería como elegir entre comer un trozo, mesuradamente, todos los días o comer el pastel de una sola vez y enfermarnos del estómago.

En el siguiente artículo de Orion Magazine, Derrick Jensen, efectúa una aguda crítica a aquellos que insisten en que debemos comernos todo el pastel de una sola mascada.

“Estoy continuamente sorprendido por la cantidad de gente aparentemente sana, que cree que puede existir un crecimiento económico infinito en un planeta finito. El crecimiento económico perpetuo y su prima, la expansión tecnológica sin límites, son creencias tan arraigadas en tanta en esta cultura, que a menudo pasan por cosas totalmente incuestionables. Aún más inquietante es el hecho que estas creencias son de alguna manera vistas como la definición última y más perfecta de lo que es el ser humano: el crecimiento económico y la perpetua expansión tecnológica sin límites es lo que somos y lo que hacemos.

Algunos de los que creen en el crecimiento perpetuo parecen estar en todos los puntos clave de las altas esferas del poder, como el economista y ex asesor de la Casa Blanca, Julián Simón, quien dijo: “Tenemos en nuestras manos -en realidad en nuestras bibliotecas- la tecnología para alimentar, vestir y dar suministro de energía a una población cada vez mayor, por los próximos 7 mil millones de años”.

Otros son un poco más moderados en sus dichos. Ellos reconocen que, sí, efectivamente los límites físicos posiblemente puedan existir, pero también creen que si usted pone de golpe la palabra sostenible justo antes de la frase “crecimiento económico” (quedaría “crecimiento económico sostenible”… ¿donde he escuchado esto antes?), entonces usted puede seguir de alguna manera teniendo un crecimiento continuo en un planeta finito, quizás gracias a las llamadas economías de “alta tecnología”, o por medio de ingeniosas innovaciones “verdes” como ropa tejida con algún aparato de nanotecnología y que al bailar genere electricidad suficiente para alimentar tu iPod, haciendo caso omiso del hecho que la gente todavía necesita comer, que los seres humanos han sobrepasado la capacidad de carga y están sistemáticamente destruyendo el mundo natural, y que incluso algo tan maravilloso como un iPod requiere de la minería, la industria y las infraestructuras energéticas, que son funcionalmente insustentables.

Una vez que un pueblo se ha convertido (o esclavizado) a una economía de crecimiento, se han más o menos comprometido con una economía de guerra perpetua, porque a fin de mantener este crecimiento, tendrá que seguir colonizando una franja cada vez más amplia de la planeta y de explotación de sus habitantes. Estoy seguro de que puede ver el problema que esto presenta en un planeta finito. Pero en el corto plazo, hay buenas noticias para quienes están comprometidos con una economía de crecimiento (y una mala noticia para todos los demás), y es que al convertir su porción de tierras o territorio en armas (por ejemplo, la tala de árboles para construir barcos de guerra), se obtiene un ventaja competitiva a corto plazo sobre los pueblos que viven de forma sostenible, y usted puede robar sus tierras y petróleo para el uso excesivo de combustible en su economía de perpetuo crecimiento. En cuanto a aquellos cuyas tierras ha robado, bueno, usted puede ya sea masacrar a estos pueblos recién conquistados, esclavizarlos, o (más a menudo por la fuerza) asimilarlos en su economía de crecimiento. Normalmente es una combinación de los tres. La mala noticia para quienes están comprometidos con una economía de crecimiento, es que ésta es esencialmente un callejón sin salida: una vez que haya sobrepasado la capacidad de carga de su casa, usted tiene sólo dos opciones: seguir viviendo más allá de los medios del planeta hasta que se derrumbe su cultura, o proactivamente optar por renunciar a los beneficios que obtuvo de la conquista con el fin de salvar su cultura.

Una economía en perpetuo crecimiento no es sólo una locura (e imposible), también es por su esencia misma abusiva, pues en mi opinión, se basa en los mismo supuestos que tienen las formas más personales de abuso. Es, de hecho, la consagración macroeconómica del comportamiento abusivo. El principio rector del comportamiento abusivo es que el agresor se niega a respetar o cumplir con los límites o fronteras impuestos por la víctima.

Las economías de crecimiento están esencialmente descontroladas y empujarán más allá de cualquier límite, excepto de aquellos establecidos por los perpetradores: sin duda el hecho de que las culturas indígenas ya están viviendo en pedazos de tierra –“reservaciones” o “reducciones”- no ha detenido a aquellos que pujan por la expansión de su economía, ni es el la muerte de los océanos la que va a detener su explotación, ni es el calentamiento del planeta la que va a detener la explotación, ni es la pobreza extrema de los desposeídos.

Y la verdad es que, no se puede razonar con un abusador sobre lo equivocado de su comportamiento. Los perpetradores de violencia doméstica –a nivel micro, por ejemplo- están entre los casos más difíciles de detener entre todos los que cometen actos de violencia. Lundy Bancroft dice esto: “Un maltratador no cambia porque se sienta culpable, se vuelva sobrio o encuentre a Dios. Él no cambia después de ver el miedo en los ojos de sus hijos. No amanece, y de repente siente que su pareja se merece un mejor trato. Un abusador sólo cambia cuando siente y es colocado en una situación en la que no tiene otra opción. ”

¿Cómo detenemos a los abusadores que luchan por una economía en perpetuo crecimiento? El ver pelícanos y tortugas nadando en aceite quemado, no los mueve a detenerse. Tampoco días con cincuenta grados celcius en Moscú. No logramos nada con tratar de hacerlos sentir culpables. No podemos detenerlos, apelando a que hagan lo correcto. La única manera de detenerlos es haciéndoles entender que no tienen otra opción”.

Se puede revisar el artículo completo en el número de Enero/Febrero 2011, de Orion Magazine.

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