Hidroaysén, autonomía energética y teorías de conspiración

Orlando Baesler, Seremi de Vivienda de Aysén, plantea que la actriz Julia Roberts, Douglas Tompkins, Leonardo Di Caprio y otros estadounidenses forman parte de un plan para adueñarse de la Patagonia y utilizarla como refugio en caso de “catástrofe nuclear, biológica o económica” (sic). Al parecer, Baesler, al igual que nosotros, es un cinéfilo empedernido o un fanático de series como “Alias”. La diferencia entre él y nosotros, es que podemos distinguir la realidad de la ficción.

Patagonia para los norteamericanos

Orlando Baesler, en “El Diario de Aysén” plantea periódicamente que Julia Roberts, Douglas Tompkins, y otros ciudadanos estadounidenses forman parte de un plan maestro de Washington para adueñarse de la Patagonia y utilizarla como refugio en caso de “catástrofe nuclear, biológica o económica”.

Seguramente Baesler no tiene todos los antecedentes a su disposición y por eso, sin temor a caer en el ridículo, lanza estos disparates. En caso de un holocausto nuclear, por ejemplo, producido por una guerra entre las potencias de Eurasia que cuentan con arsenal atómico, y que no son pocas –China, India, Paquistán, Corea del Norte, Federación Rusa-, ningún lugar del planeta estaría a salvo de la nube radioactiva. Ni siquiera la Patagonia. A lo largo del siglo XX, EEUU y la URSS, tuvieron al mundo en ascuas por la llamada “destrucción mutua asegurada”, que se puede traducir en lo siguiente: en el mismo instante que tu lances tus misiles, yo estaré lanzando los míos, y tus ciudades y mis ciudades, al mismo tiempo, se reducirán a cenizas. Este terrorífico equilibrio impidió que alguna de las superpotencias lanzara alguno de sus misiles intercontinentales, sumergiendo al mundo en el temible “invierno termonuclear”.

¿Autonomía energética?

Pero el maquiavélico plan estadounidense, según Baesler, no se acaba en la futura apropiación de la Patagonia como refugio ante alguna catástrofe. Otra de sus aristas, sería impedir que Chile produzca su propia energía. Por lo anterior, plantea que el oscuro propósito de las organizaciones conservacionistas que se oponen al proyecto hidroeléctrico Hidroaysén, sería mantenernos dependientes de insumos energéticos importados (carbón, petróleo, gas natural).

Sobre este punto, es claro que Baesler no domina ningún antecedente en absoluto, porque actualmente, hoy por hoy, ahora mismo, en el Baker -el río más caudaloso de Chile-, legalmente no hay agua. No la hay porque al poseer Hidroaysén derechos sobre prácticamente todo su caudal no ha dejado espacio para que los pobladores de la zona que dependen de su curso tengan acceso a ella.

La administración de Hidroaysén está a cargo de una sociedad anónima constituida por las empresas generadoras de electricidad más grandes del país: ENDESA y Colbún S.A., cuya participación en la sociedad es de un 51% y 49% de las acciones, respectivamente. A su vez Endesa Chile, pertenece a Endesa España, que a su vez pertenece en un 92% al grupo italiano ENEL, en el cual el Estado italiano tiene una participación del 30%. Quizás Baesler siente más simpatía por los italianos que por los “maquiavélicos” estadounidenses.

Si Baesler plantea en sus columnas que “la única real libertad es la que podemos controlar y que la única posibilidad de control es la autogeneración de energía” y que por esto debe permitirse la construcción de Hidroaysén ¡pamplinas! El futuro energético de Chile hace bastante tiempo que no se decide dentro de nuestras fronteras, sino en las reuniones de directorio en algún lugar de la península itálica.

Es triste que aún en las provincias, ciertos funcionarios gubernamentales intenten atizar el odio entre los ciudadanos, utilizando argumentos chauvinistas. Ciertamente, siguiendo la lógica nacionalista de Baesler, él debe estar muy en desacuerdo con que sea el dinero de los extranjeros el principal motor del turismo en la Región de Aysén. Para él debe ser una tremenda afrenta. Esperemos que Sernatur no siga la misma política.

La real autonomía energética que desea Baesler, sólo se conseguirá desconcentrando la generación de energía. Un país con un verdadero plan estratégico no pone en manos de una sóla empresa  el 80% de la generación eléctrica. Pero la desconcentración no sólo debe operar a nivel empresarial, también debe darse a nivel territorial. No es posible que por una falla en Taltal, la mitad del país se quede a oscuras, como hace algunos meses atrás.

Finalmente la desconcentración y la autonomía, también debe darse en relación a las fuentes de obtención de energía. A las centrales hidroeléctricas debemos sumar, pero ya, las energías renovables no convencionales.

Sólo si hacemos esto, no estaremos a merced de maquiavélicos planes conspirativos.

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