Hidroaysen, Isla Riesco y Castilla: resistirse ¿es inútil?

Con frecuencia realizo analogías entre el mundo real y la ciencia ficción. En esta ocasión quiero compartir una que se me ocurrió, a propósito del proyecto Hidroaysén e iniciativas de “desarrollo” similares.

En la clásica saga de ciencia ficción Star Trek (Viaje a las Estrellas), existe una raza de zombies mitad humanos, mitad máquinas, llamada los borg (obvia abreviación del acrónimo inglés cyborg). Los borg se expanden por la galaxia, someten civilizaciones y esclavizan mundos completos. Cada vez que inician un ataque, envían el siguiente mensaje de advertencia a sus adversarios:

“Somos los Borg. Bajen sus escudos y rindan sus naves. Añadiremos sus características biológicas y tecnológicas a las nuestras. Su cultura se adaptará para servirnos. Resistirse es inútil”.

Como verán, los borg son un poco dogmáticos en sus posturas. Creen que su manera de comprender el universo, es la única válida y viable, y por eso ni se arrugan al solicitar la rendición incondicional de todos aquellos adversarios que tengan una visión de la economía, de los valores y de la cultura distinta a la que ellos poseen. Los borg, en algunos capítulos de Star Trek, confiesan que operan de esta forma “para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la galaxia”.

Hasta aquí, ya podemos ver ciertos paralelismos y similitudes con ciertos conglomerados y grupos que están operando actualmente en nuestro país.

No han sido escasas las veces que he escuchado a los voceros de proyectos como Hidroaysén, Termoeléctrica Castilla y Minera Isla Riesco, decir que sus proyectos son la mejor alternativa de desarrollo para el país. Que ellos entregarán la energía que Chile necesita, para que la “Señora Juanita” no se quede a oscuras en las frías noches de invierno y que aspectos como la protección de la biodiversidad, la diversidad cultural, y otros argumentos de gente que está cómoda y calientita protestando en las calles de Santiago, deben ser, si no completamente desestimados, por lo menos puestos en un segundo o tercer lugar. Conceden que estos aspectos deben ser atendidos, pero no demasiado.

Las características culturales y estilos de desarrollo que han generado los habitantes de aquellos territorios alejados de la capital –Aysén, Magallanes, Atacama-, terminarán siendo absorbidos y homogeneizados, para quedar a imagen y semejanza de la cultura contemporánea hegemónica. Sus descendientes, los hijos de pescadores artesanales, agricultores y pequeños propietarios forestales, terminarán siendo subcontratados en la salmonera, en la empresa forestal o en la construcción de la megarepresa hidroeléctrica de turno. Resistirse es inútil.

¡Vote por la persona, no por el partido!

¿Pero desde cuándo estos grupos económicos se sintieron con la libertad de expresarse con tanto desparpajo? ¿Desde cuándo los famosos “criterios técnicos” se erigieron como una autoridad suprademocrática que puede arrollar –y no desarrollar- cualquier rincón de nuestro territorio?

“¡Vote por la persona, no por el partido!” Con este slogan, la derecha política -ideológicamente sintonizada e imbricada con los grupos económicos responsables de los megaproyectos-, creó una fisura en la opinión pública y pudo llegar al poder tras décadas de recibir un rechazo generalizado por parte de la ciudadanía. Se creó la ilusión de que los candidatos estaban totalmente desprendidos de cualquier ligadura o vínculo con los postulados ideológicos de aquellos monolíticos partidos políticos que tan fervientemente defendieron y defienden el legado de transformaciones económicas y políticas dejadas por la Dictadura.

La ciudadanía no se percató de que al votar por estos candidatos, que finalmente no están en absoluto desligados de los partidos que les dan cobijo, se cerraron las puertas a transformaciones trascendentes tendientes a la protección y mejor utilización de nuestros recursos naturales: reforma al Código de Aguas de 1981, lo cual permitiría administrar de forma más democrática y eficiente un recurso que cada día se manifiesta más escaso; la implementación de una Estrategia Nacional de Cuencas (sólo esbozada en el gobierno de Michelle Bachelet), lo cual permitiría que todos los habitantes de un territorio cruzado por un río –agricultores, mineras, empresas de generación de energía- fueran justa y debidamente escuchados; y finalmente, una reforma tributaria, que permitiera que el Estado de Chile, percibiera un porcentaje mayor por las riquezas minerales que se explotan al interior de sus fronteras.

La ciudadanía se relajó y confió en que su candidato sería distinto y que defendería los intereses de sus representados y no los dogmas económicos de su partido. Craso error.

Ha llegado el momento para que dejemos nuestra cómoda y relajada actitud, y que adoptemos nuevamente una postura vigilante. Dicen que el precio que deben pagar los ciudadanos por la democracia, es la eterna vigilancia, para que el sistema no termine transformándose en algo que no nos dé satisfacción. Si no la vigilamos, seguirán surgiendo una y otra vez, proyectos que atenten a nuestra calidad de vida. Y en algún momento, finalmente, resistirse sí será inútil.

Juan Jiménez Úbeda

Ecopensamiento

2 comentarios sobre “Hidroaysen, Isla Riesco y Castilla: resistirse ¿es inútil?

  1. Siempre tan lúcido Juan, muy interesante opinión y convocatoria.
    No es trivial la comparación con la ciencia ficción, que tantas noches pareciera que te ha desvelado, al igual que estos y otros rotundos problemas.

    Un gran abrazo.
    Victor Q,

  2. Muy interesante artículo. Estoy completamente de acuerdo con lo que planteas. Debemos considerar además que ésta la élite política, al producir este maridaje con la política, no sólo viene a plantarnos de plano su concepto de “lo bueno”, sino que también ha redimirnos cual mesías de la barbarie.

    Curiosamente los borg viven en la Dehesa?

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