Los Propios Dioses: la novela ecológica de Asimov.

En el último cuarto del siglo XXI, seres de otro universo -el llamado “parauniverso”-, que tienen unos conflictos maritales nada envidiables (para reproducirse necesitan fusionarse en grupos de tres individuos), envían un obsequio a la humanidad: una energía cuya potencia, en vez de disminuir con el paso del tiempo, aumenta progresivamente… el drama es que cada vez que su uso aumenta, se incrementa el riesgo de aniquilar el planeta completo y la vida que en él habita.

El argumento de Los Propios Dioses (The Gods Themselves), le puede resultar algo muy trillado a los ciudadanos del siglo XXI, acostumbrados a la crisis ecológica global provocada por la utilización del petróleo y la energía nuclear. Sin embargo, en su momento, este libro fue uno de los pioneros en la generación de conciencia ecológica entre el público estadounidense. Su primera edición en inglés, se publicó el mismo año que Los Límites del Crecimiento, cuando la comunidad internacional recién estaba tomando conciencia del impacto negativo que el crecimiento ilimitado de las actividades humanas podía provocar en los ecosistemas.

El libro realiza un análisis de cómo el progreso de la ciencia, en muchas más ocasiones de las que uno suele esperar, está indisolublemente atado a los prejuicios y a las categorías que los científicos poseen en un determinado período histórico: los hombres y mujeres de una época no pueden, y a veces no quieren, ver más allá de los paradigmas en los que fueron formados. En varias ocasiones además, el progreso científico puede incluso ser impulsado por distintas emociones: el rencor, la envidia, el afán de reconocimiento, la necedad, la obstinación, y a veces, todas las anteriores.

Uno de los antagonistas de Los Propios Dioses, justamente está dominado por este tipo de emociones: con tal de conservar su prestigio, es capaz de utilizar todo su poder para ocultar que el maravilloso “maná energético” que llega desde el parauniverso, puede aniquilar toda la vida existente en el planeta. Este villano, además, ve facilitado su plan por una ciudadanía que está demasiado cómoda, disfrutando de los beneficios de esta energía y que incluso la prefiere, antes que optar por su abandono, evitando así la aniquilación de la Tierra.

Los “paraseres” -habitantes del parauniverso-, son una caricatura que Asimov hace de las sociedades industrializadas. En varios pasajes del libro se dice de ellos: “podrán ser mucho más avanzados tecnológicamente, pero eso no implica que sean más inteligentes”. De hecho, al igual que algunas superpotencias terrícolas contemporáneas, que por sí solas emiten un cuarto de los gases de efecto invernadero, los paraseres exhiben un gran egoísmo: están conscientes que al entregar esta prodigiosa energía a la humanidad, pueden ocasionar su destrucción, y aún así prefieren esto, antes que renunciar a cumplir sus objetivos.

Quizás para aquellos más acostumbrados a los libros de Asimov, donde más de uno de los protagonistas es un robot, y dónde la pregunta que se nos plantea es ¿qué es aquello que nos define como seres humanos? (no olvidemos ese entrañable cuento, El Hombre Bicentenario), Los Propios Dioses resulte un lectura un poco árida. En algunos pasajes la excesiva utilización de términos científicos, combinados con otros inventados (incluso para aquellos acostumbrados a las obras de este autor y a la ciencia ficción en general), puede resultar un poco pesada. Sin embargo, si nos concentramos en la pregunta que Asimov nos invita a responder en esta ocasión, lo anterior pasa a segundo plano, y ésta es: ¿cómo diablos los seres humanos podemos llegar a ser tan estúpidos?

Este libro se escribió a mitad de la Guerra Fría, a diez años de la “Crisis de los Misiles”, lo más cerca que hemos estados del holocausto nuclear. Quizás por ello en el libro se ahonde en una versión pesimista de la historia y se hable de una “Gran Crisis”, ocurrida en algún momento del siglo XX y en la cual habrían muerto 4 mil millones de personas.

Asimov posee una singular destreza para recrear las complejidades una “realidad” futura: la desconfianza existente entre terrestres y selenitas; el estado psicológico de una humanidad que logró sobrevivir a un desastre apocalíptico; y la suprema impotencia de científicos que no pueden cambiar la opinión de una ciudadanía, demasiado cómoda con fuentes de energía que amenazan con destruir el planeta entero.

Evaluando todos los pros y los contras, Los Propios Dioses de todas maneras es una obra que entretiene, y que permite ver desde una perspectiva metafórica, la crisis ecológica que nos afecta actualmente.

Nota: cualquier similitud de los villanos de esta obra con empresas petroleras y consorcios de energía atómica, que ponen trabas al desarrollo de energías limpias, es mera coincidencia.

Cita notable: “Retroceder es una imposibilidad. No es posible introducir de nuevo al polluelo en el huevo, el vino en la uva y el niño en el útero. Si quieres que un niño suelte tu reloj, no lo conseguirás explicándole que debe hacerlo; le has de ofrecer algo que le guste más”.

Isaac Asimov, Los Propios Dioses (The Gods Themselves), Primera edición en inglés: 1972. Random House Mondadori, Colección DeBolsillo, Barcelona, 2010.

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