Hidroaysen: ¿estamos exagerando?

Personas de buena voluntad me han dicho “¿por qué tanto escándalo por las represas en la Patagonia? Finalmente sólo se va a embalsar el agua y después se la dejará correr río abajo”. Estas afirmaciones hacen que me pregunte ¿es que acaso los ecologistas estaremos simplemente exagerando?

Los problemas ecológicos …

“¡Pero represar un río no es como tapar y destapar un acequia!” les contesto. Construir una represa es asesinar un río, si se le entiende como parte esencial del ecosistema al que nutre. Las represas generan pérdida de la biodiversidad acuática de las pesquerías río arriba y río abajo y de los servicios brindados por las planicies de inundación río abajo, por los humedales y por los ecosistemas de las riberas y estuarios adyacentes.

Una represa provoca la degradación de las cuencas río arriba debido a la inundación de la zona de los embalses e impactos acumulativos en la calidad del agua, por las inundaciones naturales.

… Y los otros problemas que hieren la sensibilidad de los ciudadanos.

Pero también, además de los graves impactos ecológicos, están las otras acciones del proyecto Hidroaysén, que han indignado a la opinión pública.

La prepotencia: una empresa decide dónde se instalarán las centrales, cuánto territorio se va a impactar y cuántos recursos debe entregar a la comunidades afectadas.

El desorden: en Chile ¿quién decide qué áreas serán degradadas y qué areas serán conservadas? Tenía entendido que vivíamos en una República y que eran nuestros representantes y nuestras tan cacareadas instituciones las encargadas de decidir estas materias. Yo no voté ni renuncié a parte de mi soberanía en favor de ninguna empresa, nacional o extranjera, por lo que no entiendo por qué son ellas las que están tomando estas decisiones.

Desde la enseñanza primaria se nos enseña que cuando un proyecto se instala en un lugar, lo hace de acuerdo a una planificación previa. No entiendo por qué ahora en la adultez esto debería ser diferente o ¿acaso las instituciones estatales son un adorno? Yo tengo la convicción de que éstas existen para planificar el desarrollo armónico del territorio.

Que nos traten como estúpidos: las megarepresas fueron evaluadas separadas de las líneas de transmisión que inyectarán la energía generada en el Sistema Interconectado Central ¿Cómo fue esto posible? ¿Acaso las represas se pueden evaluar sin la línea de transmisión? ¿Sin ella, los miles y miles de megawatts serían vendidos a los pingüinos y a los huemules de Aysén? Y digo esto porque desde un principio, jamás se pensó en las necesidades energéticas de la población de la Región de Aysén.

La arrogancia: ¿empresas como Hidroaysén tienen la convicción de que la opinión pública es estúpida? ¿Para quiénes será la energía que se obtendrá de las megacentrales que se pretenden construir? ¿Acaso creen que nos quedaremos tranquilos con la entelequia de que “la energía es para el desarrollo del país”, cuando evidentemente es para los proyectos mineros que se desarrollarán en los próximos años?

¿Se acabará con la belleza de la Patagonia de aquí a las próximas centurias para satisfacer las necesidades urgentísimas de los chilenos o sólo para entregar energía barata a las empresas instaladas en el territorio y con esto aumentar la ya famosa a nivel mundial y proverbial concentración económica que existe en Chile?

¿Acabaremos con los ecosistemas de la Patagonia para entregar energía barata a los capitanes de la industria, que tan generosamente “dan empleo” (porque según algunos, éstos invierten millones de dólares sólo con este altruista propósito, “dar empleo” y no porque quieran obtener ganancias con sus inversiones)?

Hidroaysén es la línea que no debemos cruzar.

Yo, como dirían los europeos, soy un “hombre del Mediodía”, una persona que ama el paisaje humano y natural de la Zona Central de Chile. Tengo la certeza de que los ríos y valles de Aconcagua o el Maule son tan importantes como los ríos y bosques umbríos de Aysen, que hace algunos años tuve la diche de visitar. Quizás no los vea nunca más en vida y quizás esto sea bueno. Ellos están bien lejos de mi, existiendo desde hace eones sin mi ayuda y sin la intervención de la sociedad a la que pertenezco. Estoy convencido que si destruímos aquellos rincones del país que todavía no conocemos en profundidad, ecosistemas que han tenido la fortuna de mantenerse casi al margen (si, lamentablemente casi) de nuestra voracidad, ya no nos detendremos ante nada y nada tendrá valor. Nada se salvará de nuestro apetito.

Soy también un “aprendiz de brujo”, un individuo que intenta comprender la infinita realidad desde el estudio de la historia. Con melancolía he podido constatar cuanto hemos degradado nuestros ecosistemas y por esto sé que en algún momento debemos detenernos.

Hidroaysén es la línea que no debemos cruzar.

Si permitimos la instalación de esas centrales colosales en ese rincón del planeta, ya no habrá marcha atrás. Avanzaremos rápidamente hacia la degradación de todos los ecosistemas existentes en Chile. Y si esto sucede, yo no sé con qué cara podré mirar a mi sobrina y a mi ahijada cuando me pregunten “¿y tú en verdad no pudiste hacer nada?”

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