La palma chilena: usos durante el período colonial

Los historiadores jesuitas del período colonial, nos han legado sendas descripciones que nos permiten aproximarnos a la fisonomía del territorio chileno durante los siglos XVII y XVIII. Entregamos a continuación, algunos extractos interesantes relativos a la palma chilena (jubaea chilensis).

Al revisar las valiosas crónicas e impresiones elaboradas por los jesuitas presentes en el territorio chileno durante el período colonial, que daban cuenta de las diversas características y productos existentes en el país, podemos constatar que no todos tenían los mismos intereses: algunos como Alonso de Ovalle, vibraban con la descripción de las maravillas del paisaje,  hecho que se puede ver en su especial afán por transmitir a los lectores la majestuosidad de la Cordillera de los Andes, extendiéndose en sendos relatos que describen las imponentes vistas que ofrecía el macizo andino a los habitantes de la ciudad de Santiago.

El padre Diego Rosales, en cambio, demuestra un interés particular en los aspectos botánicos que ofrece el territorio chileno, con un énfasis especial en la palma chilena, entregando una extensa descripción sobre los distintos productos que se podían obtener mediante su explotación.

A continuación, entregamos un extracto de su Historia General, en la cual nos habla de la hermosa Jubaea Chilensis:

Capítulo VII: Las palmas de Chile

“Palmas hay muchas en la comarca de la ciudad de Santiago: son muy diferentes de las de España, porque no dan dátiles sino unos cocos del tamaño de una nuez, pero la cáscara más gruesa y más dura, y la comida de dentro, blanca y dura, algo sabrosa. De los secos cocos se exprime aceite mantecoso y de muy buen gusto. Usase poco de él para comer por haber aceite de olivos el necesario, pero es muy medicinal para mitigar el dolor de las almorranas […] son buenos estos cocos para confitados, y en cáscara son el entretenimiento de los muchachos, que con ellos juegan a las bolas, por ser duros de cascara, y a otros muchos juegos. Estas palmas tienen las ramas y las hojas como las palmas de dátiles […]
Tienen estas palmas dentro del corazón un palmito sabrosísimo y delicado al comer, y los pasajeros suelen derribar una palma solo para sacarle el corazón y por el regalo del palmito, y como hay muchas no se siente el desperdicio de un árbol. Otra cosa tiene más admirable y provechosa, que es el sumo y licor(1) que de sí despide en grande abundancia en punzándola; es muy dulce y de él hacen chicha para beber, y en dándole punto al fuego se hace una miel excelente, tan buena como la de caña dulce, y tal que apenas se diferencia la una de la otra, de que sacan alguna cantidad para sus granjerías”

Rosales, Diego, Historia General del Reino de Chile, Flandes Indiano, Libro II, Geografía e Historia Natural, 1674.

Personalmente, me interesa destacar como el sentido y la percepción de abundancia e infinitud, fue un elemento que alentó que la palma chilena fuera explotada de manera tan severa.

No había estadística, ni estudio, ni contabilidad de su cantidad: sólo fue necesario percibir (“sentir”) que era extremadamente abundante, para consentir en usos y modos de explotación que en la actualidad, y cuando se están haciendo ingentes esfuerzos para salvarla de la extinción en estado silvestre, nos parecerían totalmente irracionales.

LA MENTALIDAD DE UNA ÉPOCA

Es interesante señalar algo a veces muy descuidado por la historiografía clásica: a veces es un modo de pensamiento, algo tan sutil, algo que no es palpable y que no se puede registrar y archivar -lo que se denomina una “mentalidad”-, lo que puede marcar y orientar como actúan los individuos en una determinada sociedad.

Percepciones de abundancia o  escasez pueden determinar que los individuos sean más ahorrativos o más dados al despilfarro. Un ejemplo clásico que se menciona a propósito de esto, es como procedía en su día a día la generación que vivió la crisis económica de 1929: incluso décadas después de superada la crisis, nunca dejaron de conducirse de forma extremadamente austera.

En la actualidad, y a diferencia de lo que sucedía en el período colonial, hemos reunido suficiente información, y cada día nos llegan noticias y reportes del daño que como sociedad estamos provocando en la biósfera, estudios que hablan de sus límites y fragilidad, de cómo estamos degradando y empobreciendo nuestro entorno, y sin embargo, actuamos como si el planeta y sus recursos fueran infinitos. Actuamos con una mentalidad de hace 400 años, pero estamos aún peor que ellos, pues ahora sabemos el daño que hacemos, y sin embargo no corregimos el curso.

Es deber de todos nosotros, cambiar esa mentalidad, que está llevando a la biósfera a una crisis, que eventualmente podríamos superar, no sin antes perder todas aquellas bellezas de las que gozaron y que también contemplaron las generaciones anteriores, como lo son los imponentes y valiosísimos palmares de jubaea chilensis.

Notas

1. La palma chilena recibe en inglés el nombre de chilean wine palm“, “honey palm” y “coquito palm”. En francés en cambio, recibe el nombre de “palmier a miel du Chili”, “cocotier du Chili”.

 

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